miércoles , 13 marzo 2019

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Despiden al Ingeniero Santos Ignacio Arbiza

Categoría: AMTEO, Asociaciones de ovinocultores, Número 86, Semblanza, Unión Nacional de Ovinocultores (UNO) 1 Comentario A+ / A-

El ingeniero Arbiza tuvo la enorme virtud de visualizar la importancia de esta nueva visión científica en la producción, así como de la recolec-ción de información bajo forma de libros y otras publicaciones, y de su transmisión a la nueva generación de profesionales

FE DE ERRATAS:

El texto fue escrito por el Ing. Rodolfo Ingoyan, ex-alumno del Ing. Arbiza en Uruguay

Forjador de generaciones de técnicos especialistas en ovinocultura

Alumnos, colegas y amigos despiden al Ingeniero Santos Ignacio Arbiza y reciben su legado

El 10 de marzo, a pocos días de cumplir 87 años, falleció en Montevideo Santos Ignacio Arbiza. Nació en el barrio de Capurro –su barrio–, en la misma ciudad. Todo el que lo conocía en Uruguay lo llamaba “el Chino” y tenía de él, como primera referencia, el de haber sido decano de la Facultad de Agronomía. En México era “el ingeniero Arbiza”,  el referente de las cabras y las ovejas.

El apodo inapelable de “Chino” se aplicaba a un personaje multifacético. Recibido como ingeniero agrónomo en épocas de Maracaná, en su primera década profesional alternó actividades tan disímiles como la producción de cacahuate en Tacuarembó o la comercialización de lana en la barraca familiar de Montevideo, así como iniciarse como maestro en la Universidad.

En 1963 viajó a Australia para realizar una especialidad en la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Sydney, el centro de investigación y educación sobre lana más importante del mundo. Allí se habían comenzado a hacer  mediciones objetivas de esta fibra, lo que representaba un importante avance de lo empírico a lo científico, principalmente en lo que se refiere al mejoramiento genético. A su regreso, sus aportaciones fueron revolucionarias para el desarrollo ovino en Uruguay.

El ingeniero Arbiza tuvo la enorme virtud de visualizar la importancia de esta nueva visión científica en la producción, así como de la recolección de información bajo forma de libros y otras publicaciones, y de su transmisión a la nueva generación de profesionales. Comenzó a dictar un curso sobre lana a partir de 1964, en la Estación Experimental Mario Cassinoni, de Paysandú, en cuya creación había sido activo protagonista. Su generosidad al poner gran cantidad de material a disposición de todos los interesados no conoció límites.

En paralelo con la actividad docente, y gracias a sus vínculos con los empresarios ganaderos provenientes del ámbito comercial, llevó adelante la inusual tarea de conseguir la donación de un determinado número de vientres ovinos de cada una de las razas explotadas en el país. Esos núcleos fueron la base para la creación de los rebaños experimentales de la Facultad de Agronomía. A este proyecto se sumaron otros, que a la postre se desarrollarían en beneficio de la ovinocultura uruguaya.

Es nombrado decano (director) de Facultad de Agronomía, cargo que ejerció durante dos períodos, el primero durante los difíciles años previos a la intervención militar de la Universidad (que, obviamente, lo destituye) y en los iniciales de la reinstalación democrática de 1985. En ambos, liderando dos líneas estratégicas esenciales: la de fortalecer la débil vinculación de la Universidad con “el mundo real” de la producción, y la de desarrollar la política de capacitación de los cuadros docentes de la Facultad, por medio de convenios y becas para la realización de posgrados en centros de excelencia a nivel mundial.

Luego del golpe de Estado de 1973, obligado a exiliarse, tiene un breve pasaje por la provincia de La Pampa, en Argentina, en donde emprende el estudio de las cabras, vinculándose en los años siguientes la docencia y la investigación de las dos especies. En 1976 se instala con su familia en México, donde vive y trabaja durante los 32 años siguientes, excluyendo el período en que finalizó su segundo decanato en Uruguay. Incorporado al área de producción animal en la hoy FESC, de la UNAM, coadyuvó a la formación del primer posgrado en pequeños rumiantes en ese país y muy probablemente de Latinoamérica, que contribuyó a la formación de incontables técnicos. Su deseo de conocer de primera mano la problemática de la producción, lo llevó a recorrer y estudiar incansablemente el territorio mexicano. Practicó la docencia, publicó libros y artículos, y realizó otras actividades que lo convertirían en un referente obligado en todo lo vinculado a la producción ovina y caprina de México y otros países de América Latina.

Jubilado (¡a los 82 años!), volvió a Montevideo, intercalando estancias en México. Con los años disminuyeron las consultorías internacionales, en la misma medida que aumentaron los nietos y bisnietos que se le desparraman por el mundo. Viajero incansable, estudioso de la geografía y la historia, y amante de una sociedad más justa, sin duda consolida su universalismo y la amplitud de miras con que siempre enfrentó las constantes innovaciones del desarrollo.

Su gran generosidad llevó a que su casa –en Uruguay, en Argentina y en México– estuviera siempre abierta, en especial en los tiempos difíciles, a todo conocido o amigo que lo necesitara. Su claro posicionamiento político nunca fue obstáculo para coordinar acciones conjuntas con gente de otras tiendas, siempre que los objetivos comunes lo ameritaran, lo que hizo que siempre fuera un ser humano querido y respetado aun por gente de diversas visiones políticas.

Como buen uruguayo, era un apasionado del fútbol, y la casa donde nació se convirtió en la sede del equipo de sus amores, el Fénix, de ahí que fuese el socio número uno del club.

Sus millares de alumnos, colegas y amigos de todo el mundo reciben como legado su ejemplo de trabajador incansable, de hacedor creativo, de optimista incurable y de luchador social. Generador de un anecdotario inagotable, queda en la mejor memoria de todos los que tuvimos la suerte de tratarlo. María Azucena, su esposa y compañera de todas las horas, sus hijas Pilar y María Jesús, su yerno José, sus nietos, bisnietos y parientes, así como sus innumerables amigos lo llevarán siempre en el recuerdo.

arbiza

 Hasta siempre Chino

 Hasta siempre

ingeniero Arbiza

 “¡El Fénix no baja!”

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Comentarios (1)

  • Luis

    uN SENTIDO PESAME A LA FAMILIA DEL iNG. aRBIZA. MAESTRO DE MUCHOS TRENICOS DE IBEROAMERICA

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