miércoles , 13 marzo 2019

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La raza Saint Croix

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Raza materna de pelo

Lic. Rafael García González

En los últimos años, ha surgido un interés creciente en las razas maternas en el medio de la ovinocultura. Razas como la East Freisian y Romanov en el caso de las de lana y la Pelibuey y Blackbelly por el lado de las de pelo, han sido objeto de una revaloración por parte de muchos productores y especialistas que se han enfrentado a la necesidad de devolverle las habilidades maternas a los rebaños nacionales. Esto ocurre, particularmente, cuando los hatos ovinos se cargan mucho hacia las líneas más cárnicas, pues, como sabemos, los cruzamientos terminales, tan importantes para mejorar la eficiencia 20 alimenticia y la producción de ejemplares para el abasto, se pueden convertir en un verdadero dolor de cabeza cuando olvidamos conservar una buena base materna para los animales que pasarán varios años en nuestras pastas.

Varios rebaños a lo largo del país atestiguan ese proceso del abuso de las líneas terminales en los cruzamientos. Ese momento en el que nuestras hembras se vuelven cada vez más estacionales y producen cada vez menos crías o más delicadas, es un recordatorio de que algo estamos haciendo mal, probablemente por el lado de la genética. Los productores debemos buscar las razas más adecuadas para nuestras condiciones climatológicas, antes que cualquier tendencia que exista en el medio e incluso antes que las ventajas económicas inmediatas que nos pueda dar un cierto tipo de ganado, pues en el largo plazo un rancho ganadero sólo será conservar su productividad cuando se haya cuidado el bienestar de sus animales y la sustentabilidad de sus recursos. En el caso de vastas zonas del país, sobre todo las áridas del norte y las tropicales del sur, las razas de pelo se han convertido en la mejor y a veces la única opción en la parte extensiva de la producción de carne ovina, pues los animales de lana sufren mucho para adaptarse a esos ecosistemas. En este contexto, la raza Saint Croix, tiene mucho qué ofrecer como una opción para devolver la línea materna a los hatos comerciales, o para permitir la producción en condiciones desfavorables para otros tipos de ganado ovino.

Orígenes y estatus actual de la raza

La raza Saint Croix se desarrolló en las Islas Vírgenes, situadas en el Caribe, probablemente a partir de ganado ovino originario de África Oriental e introducido hace ya varios siglos en estas regiones. En la Isla Saint Croix, particularmente, esta especie era apreciada por su carne y por su capacidad para integrarse a producciones agrícolas-ganaderas en las tierras de cultivo de caña de azúcar. En el área continental de los Estados Unidos, esta raza se desarrolló a partir de algunas importaciones, entre las cuales destacó una realizada en 1975 por la Universidad de Utah, con propósitos de investigación. Los estudios realizados en esa universidad permitieron descubrir algunas de las características de la raza con mucha utilizada para los productores, entre las cuales destacaban la habilidad materna y la rusticidad.

En Estados Unidos esta raza la han escogido criadores cuyas condiciones de producción hacen incosteable la contratación de mano de obra altamente calificada o suplementación a través de granos. La Saint Croix sigue siendo una raza con relativamente pocos ejemplares registrados. La asociación americana para la conservación de las razas de ganado (American Livestock Breed Conservancy) la tiene catalogada como una especie amenazada, con cerca de 5 mil animales registrados a principios de este siglo. Sin embargo estos números han ido en aumento en los últimos años y algunas importaciones de material genético procedente de las Islas Vírgenes han contribuido a ampliar y diversificar las líneas genéticas existentes. Asimismo, la carne de la raza Saint Croix ha sido considerada por la asociación Slow Food USA, como patrimonio gastronómico del país.

En México esta raza se introdujo a principios de los noventa. Algunos ejemplares se distribuyeron por Nuevo León, Tabasco, Yucatán, Campeche y Jalisco. Los primeros ejemplares registrados de esta raza durante esa década provenían del Rancho El Encinal, propiedad del Ing. Jesús Quezada Alemán. Lamentablemente muchos de los criadores dejaron de registrar y aunque existen aún existen hatos de la raza en algunos de esos estados, se ha perdido la trazabilidad genética de muchos rebaños. Actualmente aunque es una de las razas con menor número de ejemplares registrados, la mayoría de ellos en el Estado de Nuevo León, en cuya exposición regional, la EXPO FERIA GUADALUPE, aún se lleva a cabo la calificación de esta raza. El trabajo de los criadores particulares y de la Facultad de Agronomía de la Universidad Autónoma de Nuevo León ha permitido conservar la trazabilidad genética de esta raza. Esta última institución, además, ha realizado diversos trabajos de investigación por parte del personal académico y de los estudiantes de ingeniería y posgrado y su ganado llegó a ganar varios premios nacionales en hembras y machos en Querétaro y Jalisco.

Características de la raza

Como se mencionó anteriormente, la Saint Croix destaca por su rusticidad y su habilidad reproductiva, al igual que otras de las razas de pelo. La rusticidad se manifiesta, entre otras cosas en una alta 22 resistencia a los parásitos, a los hongos de las pezuñas y a las climas extremosos. Esta última característica es particularmente importante en las regiones cálidas, tanto las secas como las tropicales. Asimismo, la complexión corporal de esta raza, aunque suele ser menos atractiva para quienes estamos acostumbrado a buscar el “animal gordo”, es en realidad una gran ventaja en el agostadero, pues esa complexión pequeña le permite normalmente cumplir con sus requimientos alimenticios con menor cantidad de forraje que los animales de constitución física más grande, haciéndolos más resistentes a las sequías y permitiendo tener una mayor cantidad de borregas en un mismo espacio. Pero además, aunque suelen presentar una complexión corporal más bien delgada, su estatura es relativamente alta y con buena alzada, lo cual le permite un buen desplazamiento para el pastoreo y un mayor alcance para el ramoneo. Esa constitución corporal, aunada a su instinto natural, las hace excelentes para buscar su propio alimento, incluso en condiciones difíciles, alcanzando el celo cuando otras batallan para mantenerse.

Por el lado de la maternidad, esta raza cuenta por un lado la prolificidad característica de las razas “cuateras”. Como otras razas originarias del Caribe, estas raza pertenece a las llamadas no estacionales, pues casi no presentan sensibilidad al fotoperiodo y cuentan con alto porcentaje de preñez durante 11 meses del año. Otra habilidad más que tiene es la producción de leche: pues aunque no se puede considerar una raza lechera, en Estados Unidos hay criadores que la ordeñan para producción de queso a escala doméstica. Asimismo, presentan una pubertad temprana. En buenas condiciones alimenticias, las borregas Saint Croix alcanzan su madurez reproductiva alrededor de los 7 meses, lo cual permite tener el primer parto al cumplir un año de edad.

En el estado de Nuevo León, los criadores que la utilizan la han escogido por su habilidad para mantenerse produciendo en condiciones en las cuales la cría de hatos de otras razas resulta inviable. Por supuesto, y como ya se ha insistido en años recientes, ninguna raza lo tiene todo. Las razas de pelo representan una buena opción para devolver la habilidad materna y rusticidad a los hatos que ya se han cargado a las líneas más terminales, pero los mejores resultados en el caso de quienes no producen ganado de registro, se obtienen en el buen manejo los cruzamientos adecuados.

Algunas pruebas de comportamiento realizadas en Nuevo León muestran una buena conversión alimenticia en los machos Saint Croix. Sin embargo, la principal función de esta raza es materna. Se ha utilizado como la base materna de la raza Kathadin y de la Royal White (raza híbrida estadounidense producto de la cruza con Dorper Blanco).

Asimismo también se ha utilizado igualmente en cruzamientos con razas lecheras como la Lacaune por parte de criadores e investigadores que buscan desarrollar una raza lechera de pelo.

Conclusión

Como se mencionó al principio, la función de razas maternas es vital para la ovinocultura nacional. Para ello, por supuesto, los criadores de registro tienen la responsabilidad de criar un ganado que conserve las características que constituyan las verdaderas virtudes de la raza y no caer en la tentación de seleccionar únicamente los animales más grandes y cárnicos, que muchas veces pueden sobresalir en la pistas pero resultar deficientes en la pasta. Los animales de razas deben ser seleccionados destacando esas cualidades.

En suma, la Saint Croix es una raza que se continúa produciendo y que tiene mucho qué ofrecer como otra opción entre quienes desean producir carne ovina en condiciones de agostadero. Es una excelente opción para terrenos áridos y tropicales y para la producción de hembras de reemplazo. Vale la pena incluirla dentro del catálogo de razas maternas y continuar con la experimentación e investigación en distintos cruzamientos. Es una opción para producir carne ovina donde el clima y los costos obligan a mantener poca o incluso nula suplementación y las condiciones dificultan las prácticas avanzadas de manejo, como el uso de machos vasectomizados y los dispositivos hormonales, resultan poco costeables o difíciles de supervisar.

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