jueves , 14 marzo 2019

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Alternativas para la conservación de forraje

Categoría: Forrajes, Número 83, Nutrición, Zootecnia Deja un comentario A+ / A-

Base de la alimentación para la producción

* Dr. Ricardo D. Améndola Massiotti

Alternativas para la conservación de forrajeLos forrajes deberían ser la base de la alimentación para la mayoría de los sistemas de producción de rumiantes debido a su bajo costo. El forraje conservado puede enfrentar los cambios estacionales en disponibilidad de alimento y convertirse en un factor esencial de la innovación tecnológica en alimentación para los sistemas ovinos.

Introducción

Los forrajes deberían ser la base de la alimentación para la mayoría de los sistemas de producción de rumiantes debido a su bajo costo, por eso, tal como lo señala Burns (2008) sigue planteada la necesidad de reducir la dependencia de la alimentación en concentrados, aumentando la participación de los forrajes. En este sentido la introducción de forraje conservado para enfrentar los cambios estacionales en disponibilidad de alimento, puede convertirse en un factor esencial de la innovación tecnológica en alimentación para los sistemas ovinos.

Forrajes conservados

Si bien la sustentabilidad es una variable compleja, no queda duda que es necesario analizar diferencias entre la sustentabilidad de sistemas basados en forrajes y aquellos con mayor uso de concentrados (Núñez et al., 2010). El bajo costo de los nutrientes es el aspecto principal que genera perspectivas para la intensificación sostenible de los recursos forrajeros, en particular desde octubre de 2006 cuando comenzó la inestabilidad en el precio internacional de los granos.

En el diseño de los sistemas pecuarios intensivos basados en forrajes, la solución de la variación estacional en la disponibilidad de forraje es un elemento clave, lo cual implica solucionar las deficiencias causadas por las bajas temperaturas y la pobre disponibilidad de humedad que se produce entre octubre y junio (Améndola, 2002). La producción y utilización de forrajes debe generalmente responder a las necesidades de los sistemas de producción existentes; pero en muchos casos, las innovaciones en producción y utilización de forrajes redefinen esos sistemas y son la base de los aumentos en eficiencia que les confieren sustentabilidad. La clave de esta innovación es la reducción en costos de los nutrientes, como se observa en el Cuadro 1, el costo de la energía es muy favorable con el uso de ensilado de maíz y el de la proteína lo es con heno de alfalfa.

Cuadro 1
¿Ensilar o henificar?

La decisión de ensilar o henificar el forraje depende en gran medida del destino del forraje conservado. Si el objetivo es comercializar el forraje conservado, el transporte de heno es más sencillo porque no es necesario conservar anaerobiosis durante el transporte y es más económico, ya que con heno por cada tonelada de alimento se están transportando 200 litros de agua, en tanto que con ensilado se transportan 650 a 700 litros. Sin embargo, si el forraje conservado se va a utilizar para alimentar los animales del rancho, el ensilaje es el proceso recomendable. El ensilaje de forraje verde es un método tradicional usado para conservar alimento para el ganado; su importancia va en aumento y está remplazando a la henificación y a la alimentación directa con forraje verde (Danner et al., 2002).

Se conoce como ensilaje al proceso por el cual se conserva forraje a través de fermentaciones que aumentan la acidez hasta un nivel que inhibe toda actividad enzimática y microbiológica posterior. El producto obtenido se denomina ensilado, en tanto que se llama silo a la instalación utilizada para conservar el forraje. El proceso de ensilaje debe cumplir las siguientes condiciones:

• Ser anaeróbico, vale decir sellado sin aire.

• No generar metabolitos tóxicos para los animales.

• Producir ácidos orgánicos capaces de acidificar el producto (bajar el pH).

• Lograr un estado de equilibrio enzimático y microbiológico estable.

El ensilaje ha ganado en importancia porque contribuye a evitar las pérdidas de campo que ocurren con la henificación debido a causas climáticas, esencialmente lluvias y alta humedad relativa. Al respecto no debe perderse de vista el principio básico: se conserva cuando hay excedentes para alimentar cuando escasea; y el forraje excedente se presenta justamente en la temporada de lluvias. Debido a diversos factores como requerimientos de mano de obra, la dependencia de condiciones meteorológicas que pueden ser inciertas, y el advenimiento del uso de nuevos desarrollos tecnológicos como los inoculantes, el ensilaje ha ido desplazando la henificación tal como lo indican Merry et al. (2000).

En los últimos años se han roto algunos mitos respecto a los forrajes ensilados, ya que pueden ser una buena fuente de forraje para ovinos. Si bien la listeriosis es una preocupación cuando se alimenta con ensilados, su incidencia está asociada con el consumo de ensilado en mal estado con pH alto entre 5.6 y 9.6, mal prensado o demasiado húmedo (Perea et al., 2009). Bell (1997) recomienda no suministrar la capa superior del ensilado ni ensilado con moho u otro tipo de daño, introducir el ensilado gradualmente en la dieta, no comenzar a suministrar ensilado a todo el rebaño simultáneamente y proveer agua limpia y abundante. Los forrajes ensilados son una buena fuente de energía pero sus contenidos de proteína y calcio son bajos, de modo que cuando constituye una proporción importante del forraje, debe suplementarse con proteína, macro y micro minerales y vitaminas D y E. Se pueden suministrar a razón de 3 a 4% del peso vivo a borregas adultas para mantenimiento, en tanto que como fuente principal de forraje durante el primer mes de lactación, se debería suministrar a razón de hasta 4 kg por borrega.

Pero no solamente en la alimentación de borregas de cría se ha estado utilizando el ensilado; el incremento en costo de los granos ha causado aumento en el interés por utilizar ensilado en la alimentación de corderos en engorda. Beukes (2013) alimentó corderos Merino con ensilado de maíz de buena calidad y encontró que la inclusión óptima estuvo entre 20 y 50% de la dieta, con el mayor consumo con el porcentaje menor y la mejor conversión con el mayor porcentaje. Por su parte Venkateswarlu et al. (2013) reportan que en la alimentación de corderos la mezcla de ensilado de maíz con concentrado (0.5 % del peso vivo) o con heno de alfalfa (25% del consumo) rindió mejores resultados que una dieta de puro ensilado. En Australia también ha crecido el interés por el empleo de ensilado (en este caso de praderas mixtas de gramíneas y leguminosas) en la alimentación de corderos de engorda (Stanley, 2003).

De acuerdo a Bell (1997) la base para decidir el uso de ensilado de maíz en la dieta de corderos de engorda es el análisis económico en el que se le compare con otros alimentos; si se decide utilizarlo, debe tratarse de ensilado de alta calidad con alta proporción de mazorca, picado uniformemente y se le debe complementar con suplementación proteica. El ensilado debe introducirse paulatinamente y suministrarse dos o tres veces al día para aumentar el consumo. Para garantizar acceso uniforme de todos los animales al alimento, es necesario utilizar 30 cm lineales de comedero por animal.

Características de buen forraje para ensilar

Las características de adaptación, rendimiento y composición nutricional necesarias en los forrajes sembrados se requieren también en los forrajes para ensilar; en este caso son particularmente importantes ya que se va a incurrir en un costo adicional por el proceso de ensilaje. Un forraje de calidad mediocre o bajo rendimiento no es adecuado para ensilar, porque aumentará innecesariamente el costo por unidad de nutriente en el alimento conservado.

Adicionalmente en el caso de forrajes que se van a ensilar se requieren algunas propiedades adicionales que tienen relación con el proceso de fermentación. Este método de conservación se basa en la fermentación natural; bajo condiciones anaeróbicas, las bacterias ácido lácticas (BAL) convierten carbohidratos solubles en ácidos orgánicos, principalmente láctico (Weinberg et al., 2002). La conservación de forrajes por esta técnica permite proveer a los rumiantes de alimento suplementario en periodos en que la oferta de forraje fresco es limitada (Johnson et al., 2005). La tecnología del ensilaje es simple e incluye el picado fino y la compresión del forraje, seguidos por el sellado hermético. Una vez que se ha sellado el forraje, impidiendo el contacto con el aire, las respiraciones del tejido vegetal y los microorganismos consumen el oxígeno que había quedado atrapado (McEniry et al., 2010).

Una característica esencial de un buen forraje para conservar es la alta disponibilidad de carbohidratos solubles que serán el sustrato para la fermentación. Regularmente entre técnicos y productores existe la tendencia errónea a considerar el contenido de proteína como el indicador esencial de la calidad del forraje. Ya se vio en el Cuadro 1 que el ensilado de maíz es una buena fuente de energía, pero no de proteína. El contenido de proteína en ensilado de maíz generalmente es inverso al contenido de almidón. Un elevado contenido de proteína indica fallas en la proporción de mazorca o el llenado del grano, por ejemplo debido a stress hídrico.

El forraje que se va a ensilar debe tener baja capacidad buffer, que es la capacidad para impedir la reducción de pH y se puede expresar como los miliequivalentes de ácido láctico requeridos para bajar el pH de una muestra seca y molida de forraje a pH 4 (González, 2012), un valor entre 400 y 450 meq de ácido láctico kg-1 MS se puede considerar como una capacidad buffer suficientemente baja (Pursiainen y Tuori, 2008). La capacidad buffer depende del contenido de ácidos orgánicos y proteína.

Otra de las características del forraje asociadas con un buen proceso de fermentación es un contenido de humedad entre 65 y 70%. Con mayor contenido de humedad es muy difícil lograr adecuada fermentación y por tanto rápida disminución del pH. Adicionalmente ocurren pérdidas en forma de efluentes que implican merma importante en la cantidad de nutrientes aportada por el forraje y contribuyen a la contaminación ambiental (causal de multas en países europeos). Por otra parte con menores contenidos de humedad se dificulta la adecuada compactación, lo que puede originar fracasos en el proceso de conservación. De acuerdo a Seglar (2003) el contenido de humedad adecuado al momento de la cosecha es crítico para la compactación de la masa de ensilaje, exclusión de aire y para proporcionar la suficiente humedad para promover la fermentación láctica. Forrajes con humedad elevada pueden conducir a fermentación prolongada, degradación excesiva de proteína y pérdida de energía. Una fermentación clostridial secundaria puede ocurrir en ensilajes con elevada humedad lo que conduce a características no deseadas como son los niveles altos de ácido butírico y nitrógeno amoniacal. Si el contenido de humedad es muy bajo, puede conducir a ensilajes aeróbicamente inestables con levaduras y mohos y problemas de proteína con daño por calor.

Ensilaje de maíz forrajero

El maíz reúne las características ideales como cultivo para producir forraje para ensilar, de ahí que el área sembrada con maíz forrajero aumente constantemente. De acuerdo a la información de SIACON (2013), tanto el área sembrada en riego como la sembrada en temporal aumentaron con una tasa de 6% anual de 2002 a la fecha (Figura 1). En lo que sigue se indicarán algunas normas básicas para el ensilaje de maíz.

Figura 1. Evolución de áreas sembradas con maíz forrajero. Elaboración propia con base en datos de SIACON (2013).

Figura 1. Evolución de áreas sembradas con maíz forrajero. Elaboración propia con base en datos de SIACON (2013).

Uno de los elementos importantes para la cosecha de maíz forrajero para ensilar es el momento de cosecha con respecto a la madurez del cultivo. En el centro de México desde que se comenzó el cultivo de maíz para ensilar se acostumbró la cosecha en estado lechoso del grano. Améndola (2002) indicó que ese punto de cosecha con un contenido de materia seca (MS) de aproximadamente 23 a 25% conduce a menor calidad del producto final y menor palatabilidad frente a maíz cosechado con contenidos de MS entre 30 y 32%. Núñez et al. (2005) evaluaron el momento de cosecha con relación a la madurez del grano definida por el avance de la línea de leche (Figura 2) entre grano masoso, 1/4 de línea de leche y 1/3 de línea de leche; en ese estudio encontraron que no hubieron diferencias en rendimiento de MS entre los diferentes momentos de cosecha, la digestibilidad in vitro de la MS fue mayor en los estadios 1/4 de línea de leche y 1/3 de línea de leche y las características más adecuadas para una buena fermentación se encontró con el estadio 1/4 de línea de leche. En general diversos autores coinciden en que el momento óptimo de cosecha es a 1/3 de línea de leche, pero que sin embargo ese criterio es menos confiable y que el criterio más indicado para silos de trinchera o pastel es la cosecha con contenidos de MS entre 30 y 32%.

Figura 2. Línea de leche en el grano de maíz, criterio de cosecha para el ensilaje. Fuente: culturaempresarialganadera.org

Figura 2. Línea de leche en el grano de maíz, criterio de cosecha para el ensilaje. Fuente: culturaempresarialganadera.org

A continuación se presentan los criterios básicos del ensilaje reseñados por Améndola et al. (2009):

1. Se debe evitar la contaminación del forraje con suelo. Esta contaminación es factor fundamental de la presencia de clostridios; estos microorganismos ya sean del tipo sacarolítico o proteolítico tienen efectos muy negativos sobre la evolución del ensilado. Asimismo, esa contaminación también se asocia con la presencia de listeria.

2. El forraje deberá ser picado en trozos no mayores a 2 cm para facilitar la compactación y reducir la cantidad de aire retenido en el forraje. El ensilado picado con tamaños de partícula menores a 1 cm no es adecuado como componente de dietas con altos niveles de concentrado porque puede contribuir a la ocurrencia de acidosis (Figura 3).

Figura 3. En las imágenes de la izquierda y de la derecha se observan tamaños de partícula excesivamente grandes y pequeños, respectivamente (Fuente: Améndola et al., 2009).

Figura 3. En las imágenes de la izquierda y de la derecha se observan tamaños de partícula excesivamente grandes y pequeños, respectivamente (Fuente: Améndola et al., 2009).

3.- González (2012) sintetizó algunos aspectos del uso de aditivos compuestos de enzimas y bacterias acido – lácticas (Figura 4). Si bien su empleo no es imprescindible en forrajes con buenas características fermentativas como el maíz, conduce a ensilados más uniformes y según Wilkinson y Davies (2013) con mayor estabilidad aeróbica; por otra parte su costo (del orden de $5.00 por tonelada de ensilado) es bajo con relación a los demás costos involucrados en el ensilaje.

Figura 4. Aplicación de inoculantes durante el llenado del silo

Figura 4. Aplicación de inoculantes durante el llenado del silo

4.- El éxito del ensilaje depende de la generación de condiciones de anaerobiosis por medio de la correcta compactación del forraje, para lo cual se debe establecer como meta una densidad de 700 kg/m3 o en su defecto una densidad nunca menor a 600 kg/m3. Para lograr estas densidades en silos horizontales, se debe distribuir el forraje uniformemente dentro del silo en capas de un espesor no mayor a 10 cm y compactar con tractores con palas niveladoras o trascabos (Figura 5). Las ruedas deben repasar el borde interno de la huella dejada en el pasaje previo, para así asegurar una compactación homogénea evitando que se formen “bolsas” de aire. En las condiciones regulares de cosecha se considera necesario contar con dos tractores que realicen la compactación en trayectos perpendiculares (Figura 5). La velocidad de cosecha debe coordinarse con el peso de los tractores compactadores para lograr una densidad mínima de ensilado de 210 kg MS/m3 (Wilkinson y Davies, 2013).

Figura 5. Tractores con pala y trascabo compactando ensilado de maíz.

Figura 5. Tractores con pala y trascabo compactando ensilado de maíz.

5. Una vez que se ha llenado y compactado el silo, es de fundamental importancia sellarlo adecuadamente (Figura 6). Para ello se recomienda emplear film de polietileno de 100 a 150 micras (calibre 6) de preferencia con protección contra radiación ultravioleta. Para asegurar un correcto sellado no es preciso que la cubierta de polietileno sea de una sola pieza, siempre y cuando se asegure una buena solapa entre las piezas. Es importante lograr una adecuada tensión del plástico evitando bolsas de aire y luego cubrirlo con peso (hierba, llantas viejas) para evitar que el viento dañe el sellado.

Figura 6. Sellado del silo.

Figura 6. Sellado del silo.

6. El llenado y sellado del silo se deben realizar en el tiempo más breve posible, y en caso de que se deba suspender las labores de llenado, deberá taparse el silo hasta el día siguiente (Figura 7).

Figura 7. Tapado provisorio del silo hasta el día siguiente.

Figura 7. Tapado provisorio del silo hasta el día siguiente.

7. Una vez abierto el silo para alimentar los animales, el área de ataque del silo debe ser lo más reducida posible para que la superficie expuesta al aire sea pequeña. Esta operación debe ser lo más rápida posible con el fin de reducir al mínimo el deterioro aeróbico. Al respecto Wilkinson y Davies (2013) indican que cuando el ensilado está expuesto al aire en la apertura del silo, o después de su retiro del silo, los ácidos de la fermentación y otros sustratos son oxidados por bacterias aerobias, levaduras y mohos. La estabilidad aeróbica del ensilado es un factor clave para asegurar que provee nutrientes bien conservados al animal, con cantidades mínimas de esporas de moho y toxinas. Siete días parecen ser un objetivo de estabilidad aeróbica potencial del ensilado, incluyendo el tiempo en el proceso de alimentación. Para lograr este objetivo, se debe alcanzar una velocidad de retiro de ensilado, que iguale o exceda la profundidad de la penetración de aire en el silo.

6. Criterios de calidad de ensilados

El ensilado de maíz es una buena fuente de energía pero su contenido de proteína es bajo (Cuadro 2), cuando constituye una proporción importante del forraje debe suplementarse con proteína, macro y micro minerales y vitaminas D y E. A

Cuadro 2

De acuerdo a Améndola et al. (2009) las características que permiten clasificar la calidad del ensilado se dividen en dos tipos, las que se pueden observar directamente en el ensilado empleando los sentidos de la vista, olfato, gusto y tacto, mismas que se conocen como características organolépticas y las que se evalúan a través de pruebas de laboratorio. A continuación se reseña lo indicado por esos autores.

Características organolépticas

La calidad del ensilado puede apreciarse directamente en el rancho, si el ensilado es bueno tiene buen aspecto, olor y color (Figura 8). Améndola et al. (2009) presentaron los indicadores para la apreciación de las características organolépticas usadas en la evaluación de ensilados desarrollados por el Dr. Félix Ojeda de la Estación de Pastos y Forrajes “Indio Hatuey”, mismos que se presentan en el Cuadro 3.

Cuadro 3

Figura 8. Aspectos de ensilado, en la imagen de la izquierda se observa ensilado con buenas características, en tanto que en la de la derecha, se ve un ensilado de mal aspecto.

Figura 8. Aspectos de ensilado, en la imagen de la izquierda se observa ensilado con buenas características, en tanto que en la de la derecha, se ve un ensilado de mal aspecto.

Características químicas

Las características químicas que se toman en cuenta para evaluar la calidad de los ensilados son las siguientes:

1. Materia seca, o dicho de otra forma contenido de humedad. Si bien esta característica se evalúa en forma conjunta con la acidez, se puede decir que en términos generales la calidad de un ensilado con 80% de humedad es de peor calidad que un ensilado con 65% de humedad.

2. Carbohidratos solubles o azúcares, si su contenido es muy bajo será necesario suministrarlos como suplemento en la dieta de los animales.

3. El pH, vale decir la acidez; en términos generales cuanto más ácido un ensilado hay más garantías sobre su calidad. Sin embargo, si bien un ensilado con 80% de humedad requiere un pH de 4.1 para considerarse excelente, si su contenido de humedad es de 55% bastará con un pH de 5.1 para asignarle esa calificación.

4. Ácidos grasos volátiles. Las proporciones de los diferentes ácidos son indicadoras de los procesos fermentativos que ocurrieron durante el ensilaje y por tanto tipifican la calidad del producto, las calificaciones más altas se obtienen con más de 70% de ácido láctico y menos de 2.5% de ácido butírico.

5. Nitrógeno amoniacal. El contenido de nitrógeno amoniacal es un indicador de la medida en que avanzó el indeseable proceso de degradación de las proteínas; para considerarse como excelente el porcentaje de nitrógeno amoniacal no deberá ser más de 7% del total del nitrógeno.

Por último, tal como lo indican Müller y Udén (2007), un indicador de fundamental importancia de la calidad del ensilado será el consumo que de ese ensilado hagan los animales (Figura 9).

Figura 9. Las tres borregas muestran marcada preferencia por el ensilado B frente a los ensilados A y C.

Figura 9. Las tres borregas muestran marcada preferencia por el ensilado B frente a los ensilados A y C.

Conclusiones

El uso de forraje conservado es una herramienta eficaz para eliminar desbalances estacionales en el suministro de alimento y simultáneamente reducir los costos de alimentación. Si el forraje se está conservando para utilizarlo en el propio rancho, el ensilaje es el proceso indicado. Por sus características de alto rendimiento, buena calidad y composición favorable para la fermentación, el maíz es el cultivo ideal para ensilar. Si bien el ensilaje es un proceso sencillo su éxito depende del respeto a varias normas básicas. La calidad de un ensilado puede estimarse en el propio rancho utilizando la técnica de apreciación de propiedades organolépticas.

*Programa de Posgrado en Producción Animal Programa de Investigación en Forrajes Departamento de Zootecnia Universidad Autónoma Chapingo

8. Literatura citada.

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