viernes , 8 marzo 2019

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Pastoreo de ovinos en praderas templadas de México

Categoría: Forrajes, Manejo, Número 39, Nutrición, Sistemas de producción, Zootecnia Deja un comentario A+ / A-

Manejo
Balance entre demanda y oferta de alimento

Pastoreo de ovinos en praderas templadas de México

La discusión en torno a este sistema debe abarcar todo el espectro de decisiones, incluyendo aquellas involucradas con su diseño para condiciones específicas. Las relaciones de precios de insumos y productos y la operatividad del sistema (aspecto central del riesgo) serán aspectos que tendrán un papel relevante en la evaluación.

*Ricardo Améndola

La producción ovina intensiva basada en pastoreo de praderas sembradas de clima templado, si bien es practicada por algunos productores y ha recibido atención por parte de la investigación, no es un sistema de producción ampliamente empleado en México (Améndola el al., 2005). Por lo tanto, la discusión en torno a este sistema debe abarcar todo el espectro de decisiones, incluyendo aquellas involucradas con su diseño para condiciones específicas.

Pastoreo de ovinos en praderas templadas de México

Sheath y Clark (1996) definen la estructura temporal de la toma de decisiones en el diseño y manejo de sistemas de producción animal en pastoreo que se presenta en la Figura l. Existe un elemento común y central en todos los niveles de esta estructura: el logro de un balance entre la demanda y oferta de alimento.

Diseño de sistemas de producción ovina en pastoreo

La primera y más importante de las etapas consiste en la definición del “Plan de negocios”, vale decir “qué va a producir la empresa y cómo lo va a hacer”. Como en todos los niveles, las condiciones económicas y ecológicas juegan un rol fundamental en esta fase. Regularmente empleando modelos muy sencillos, se evalúa qué opciones son las que reúnen las características de beneficio neto promedio y riesgo más adecuadas a las percepciones de un productor en particular. En el caso de la producción ovina, en esta fase se deberán tomar decisiones respecto al rubro: ciclo completo, engorda, engorda con pre engorda en pastoreo.


Figura l. Estructura temporal de la toma de decisiones en el diseño y manejo de sistemas
de producción animal en pastoreo. Adaptado de Sheath y Clark (1996).

Las relaciones de precios de insumos y productos y la operatividad del sistema (aspecto central del riesgo) serán aspectos que tendrán un papel relevante en la evaluación. Considerando que se trata de sistemas intensivos, las distintas eficiencias de las diferentes fases (mucho menor en cría que en engorda) juegan en esta etapa un rol importante. Sin embargo, los modelos empleados en la evaluación deberán ser lo suficientemente flexibles para incorporar las ventajas que puede implicar el ciclo completo en algunos aspectos: i) el menor riesgo debido a reducciones del impacto de variaciones en la disponibilidad y precio de un insumo vital de la engorda (el “cordero a engordar”) ii) las probables mejores condiciones de comercialización por consistencia del genotipo y iii) la presencia de una categoría buffer en el manejo de pastoreo (la oveja vacía o en etapas tempranas de gestación) que permite aumentar la eficiencia de utilización del forraje producido.

Sin olvidar importantes aspectos de la toma de decisiones involucrados en esta fase como por ejemplo la elección de genotipos o el diseño del plan general de manejo sanitario, centraremos la discusión en los aspectos que tienen que ver con la definición del balance entre la demanda y oferta de alimento. El balance debe contemplar un plan de alimentación anual, y en este sentido juegan un papel fundamental las variaciones que se presentan en las tasas de crecimiento de los recursos forrajeros a través de año. Al establecer este balance, se exploran posibilidades de modificar o regular tanto la oferta como la demanda de alimento. Existe toda una gama de posibilidades para modificar tanto la oferta como la demanda de alimento; en términos generales las modificaciones de la oferta corresponden a sistemas más bien intensivos y las modificaciones de la demanda responden a sistemas más bien extensivos.

La demanda de alimento es el producto del número de animales y los requerimientos promedio de esos animales. En esta etapa, el encargado del diseño del plan de negocios no debe olvidar que los requerimientos promedio de los animales no son datos absolutos sino que dependen fundamentalmente de las metas productivas que se establecen en el plan de negocios. Si para un sistema muy sencillo como engorda en pastoreo, en el plan de negocios se definieron pesos iniciales y finales y metas de duración de los ciclos de engorda, automática mente quedan definidas las ganancias promedio necesarias y en función de ellas los requerimientos de los animales. En el balance anual de este sistema sencillo, los cambios en carga animal ajustados a la disponibilidad de alimento (políticas de compra y venta) serán una herramienta fundamental del ajuste estacional entre demanda y oferta de alimento. En un sistema más complejo como el de ciclo completo, las manipulaciones a las épocas de parición y empadre son una herramienta muy importante. Por lo regular los contenidos de proteína del forraje consumido por ovinos en pastoreo de praderas templadas son suficientes para un buen desempeño productivo, por lo que los balances se realizan con base en los requerimientos de energía.

Las decisiones que implican modificaciones de la oferta total y estacional de alimento involucran aspectos de i) especies forrajeras, lo que regularmente se conoce como la cadena forrajera, vale decir la rotación en el uso del suelo dedicado a la producción de forrajes, ii) otras medidas relacionadas con la producción de forraje como el empleo de fertilización y riego, iii) el empleo de suplementación con concentrado o forrajes conservados producidos en el propio rancho o adquiridos; en este caso debido al efecto sustitutivo, es de fundamental importancia atender, además de la respuesta productiva de cada animal, el efecto que la suplementación tiene sobre la carga animal. Como se verá más adelante, una de las principales ventajas de la suplementación es que permite manejar carga animal más alta.

Con base en lo anterior, es evidente que además de la información económica de precios de productos e insumos (regularmente sujetos a variaciones estacionales y coyunturales), los modelos empleados para evaluar diferentes alternativas requieren información biológica (regularmente obtenida en experimentos) acerca de los aspectos que se señalan a continuación.

Requerimientos de alimento

Los requerimientos de alimento se calculan con base en la siguiente información:
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Requerimientos de energía de las diferentes categorías de ovinos en función de las metas de desempeño productivo.
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Ajuste de estos requerimientos en función de la concentración de energía del alimento proporcionado y de los gastos adicionales de energía en que incurre el animal en el proceso de pastoreo.
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Los requerimientos totales dependen de la carga animal; sin embargo, ésta será una de las variables que se calcularán en el procedimiento.

Regularmente estas estimaciones pueden realizarse fácilmente empleando tablas de requerimientos como las de NRC o ARC, incluso emplearse adaptaciones para condiciones de pastoreo como las proporcionadas por Geenly y Rattray (1987) (Cuadros 1 a 3).

Oferta de alimento

Para calcular la oferta de alimento se requiere la siguiente información:
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Estimaciones de las tasas de crecimiento estacional o mensual de los diferentes recursos forrajeros que puedan potencialmente emplearse en las condiciones especificas de la unidad de producción.
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Estimaciones de la concentración de energía en el forraje consumido de esos diferentes recursos forrajeros. Regularmente se dispone de información sobre digestibilidad; en el caso de forrajes de clima templado la concentración de energía se puede calcular empleando la siguiente ecuación Mcal EM/kg MS = Digestibilidad (%)*0.0382 0.191.

Estimaciones de las concentraciones de energía en los alimentos suplementarios que puedan potencialmente, emplearse en las condiciones específicas de la unidad de producción.
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Estimación del efecto sustitutivo (el forraje de pastoreo que deja consumir el animal que ingiere suplemento) en las condiciones especificas. Tomando en cuenta que esta información específica por lo regular no está disponible, pueden emplearse valores generales de 0.5 a 0.6 en el caso de concentrado o 0.9 a 1.0 en el caso de forrajes conservados.

Generalmente, debido a la carencia de información, éste es el aspecto más complejo y débil de la metodología en condiciones de México. Sin embargo en una primera aproximación puede emplearse la información sobre producción anual que se proporciona en el Cuadro 4. Al emplearse esta información debe tomarse en cuenta que i) en los potreros de un rancho es imposible reproducir las condiciones controladas de las pequeñas parcelas experimentales, ii) que en algunos casos al emplearse unidades de muestreo muy pequeñas las producciones de forraje en algunos experimentos pueden estar sobrestimadas (Améndola el al. 2003) y iii) las evaluaciones generalmente han abarcado los primeros dos años de las praderas y éstos son los más productivos (Améndola el al. 2005). Por estas razones y para no incurrir en errores de sobrestimación del potencial del sistema, se recomienda reducir esos valores en 30%.

Améndola el al. (2005) indican que la desproporción en producción estacional es un problema generalizado ya que dos tercios (66 ± 2%, n=9) de la producción se concentran durante primavera y verano; eso implica que la disponibilidad de forraje durante otoño invierno es por lo general la mitad de la que ocurre en primavera verano. La producción invernal es menor en praderas que incluyen pasto ovillo que en aquellas que incluyen raigrás perenne; a su vez, la producción invernal de praderas que incluyen alfalfa es menor que la de las que incluyen trébol blanco y es particularmente baja en praderas de kikuyo (Pennisetum clandestinum). La digestibilidad de la material seca del forraje de este tipo de praderas es en promedio 72.4 ± 1.9% (n = 7) y el contenido de proteína cruda es 18.8± 1.4 % (n=9), los mayores valores se presentan durante el invierno y los menores durante el verano. La digestibilidad del forraje de praderas que incluyen raigrás perenne es generalmente mayor que la de praderas que contienen pasto ovillo en tanto que la de praderas que incluyen alfalfa es menor que la de praderas que incluyen trébol blanco.

Tomando en cuenta los problemas de persistencia (por lo general las praderas no están en buenas condiciones luego de 4 años) y la baja disponibilidad invernal de forraje, es conveniente diseñar una cadena forrajera que incluya forrajes anuales (avena, raigrás anual, triticale) que presentan buen crecimiento durante el invierno. Estos forrajes pueden manejarse bajo pastoreo rotacional. En el cuadro 5 se presentan estimaciones de rendimientos logrados con estos forrajes entre los meses de octubre (siembra) y mayo (ultimo aprovechamiento). La composición nutricional del forraje de estas especies es buena, con promedios de 2.58±0.8 Mcal EM 1 MS y 16.5 ± 1.5 % proteína cruda (Améndola el al., 2005).

Un ejemplo de diseño

A continuación, en los cuadros 6 y 7 se presenta un ejemplo de borrador de un diseño para un sistema de ciclo completo, a desarrollarse en un rancho de 18 ha en La Joya, Veracruz, basado en pastoreo de praderas de raigrás y trébol blanco con duraciones de cuatro años, en rotación con praderas de avena con raigrás anual y trébol rojo con duración de un año. Esta rotación implica que el rancho cuenta con 14.4 ha de pradera de raigrás y trébol y 3.6 ha de la pradera anual. La información de producción y composición de forraje se basó en Durán (1996), Rodríguez (1998) y Améndola y Martínez (1998), en tanto que los requerimientos calculados para el “equivalente oveja” (oveja de cría más sus reemplazos y los corderos que se engordarán en pastoreo) se basó en Geenly y Rattray (1987). Los datos de oferta de forraje regularmente se encuentran en kg MS por hectárea, al día o al mes, en tanto que los datos de requerimientos se encuentran en Mcal EM por animal por día; para calcular el balance es necesario llevar ambos datos a una misma unidad que pueden ser Mcal o kg por ha o por el rancho y a su vez por día o por mes. En este caso particular el balance se calculó en Mcal al mes en el rancho. En el primer paso se calculó la oferta de alimento (Cuadro 6), en el siguiente paso se estimaron los requerimientos en términos de “equivalente oveja” (oveja de cría más sus reemplazos y los corderos que se engordarán en pastoreo) y luego se procedió a balancear definiendo como criterios: i) aceptar que, al emplear promedio el número promedio de animales se presentasen excedentes en los seis meses de mayor disponibilidad de alimento y ii) se suministraría con centrado con 2.9 Mcal EM/kg en los meses en los que el déficit de energía fuese mayor a 10%. Como resultado de los cálculos se estima que el rancho debería trabajar con entre 370 y 375 vientres y estaría suministrando 21 toneladas de con centrado al año, distribuidas entre los meses de marzo, julio, agosto y diciembre.

Diseño de engordas en pastoreo empleando resultados experimentales

Otra vía para diseñar un sistema de producción, es el empleo de resultados de experimentos en los que se haya explorado la respuesta a carga animal. Sin embargo la investigación mexicana no ha producido aún una base de datos suficientemente sólida al respecto, lo cual en parte se debe a la diversidad de condiciones en que se ha realizado. Una de las fuentes de diversidad han sido las praderas empleadas, en la investigación sobre pastoreo de praderas templadas con ovinos en México, se han empleado praderas de ballico perenne en monocultivo fertilizado con nitrógeno o asociado generalmente con trébol blanco y en algunos casos con trébol rojo, en algunos trabajos también se han empleado praderas de alfalfa asociada con alguna gramínea (ballico perenne, pasto ovillo). Los genotipos, sexos, y pesos iniciales de los ovinos empleados también contribuyen a la diversidad. En ningún trabajo se ha explorado el efecto acumulado de las cargas a través del tiempo y por lo general los experimentos han sido de corta duración. En algunos casos la duración fue extremadamente corta lo que conduce a sobrestimar las cargas que producen el mejor desempeño por hectárea (Hodgson, 1990). Particularmente grave resultan los casos de experimentos cortos en los que se ha dejado acumular forraje previo al inicio del experimento. Algunos de los experimentos se desarrollaron durante el ciclo de invierno y otros durante primavera y verano, conduciendo a resultados diferentes. El Dr. Maximino Huerta Bravo recopiló información sobre 14 experimentos en los que se exploró la respuesta a carga animal. A continuación se presenta una breve interpretación de esos resultados. El conjunto recopilado representa un buen ejemplo de la diversidad ya señalada: en 10 trabajos realizados durante el ciclo de primavera verano, la duración promedio fue 111 días (entre 58 y 148) y el peso vivo inicial promedio fue 29 kg (entre 18 y 49); en cuatro trabajos realizados durante invierno la duración promedio fue 77 días (entre 60 y 96) y el peso vivo inicial promedio fue 27 kg (entre 16 y 34). En algunos experimentos se trabajó con pastoreo continuo en tanto que en otros se empleó pastoreo rotacional. La variación en ganancia diaria es alta y al considerar el conjunto de la información no se detecta relación entre la ganancia diaria y la carga animal (Cuadro 8).

Además de la falta de claridad en los resultados respecto a ganancia individual, al considerar la ganancia por hectárea (figura 2) se pueden extraer algunas conclusiones.

A pesar del riesgo que implica extraer conclusiones de información con tan alta variabilidad, ante la carencia de mejor información se pueden tomar algunos elementos para planificación. La calidad de forraje es mejor en invierno, por lo que las ganancias individuales a cargas bajas son mejores que en verano. Debido a la mayor productividad en verano, se pueden manejar cargas más altas en esa estación. En invierno se pueden manejar cargas entre 30 y 40 borregos ha” y se deberían esperar ganancias entre 120 y 150 g 1 d 1 y una productividad entre 4.5 y 5 kg de incremento diario de peso vivo por hectárea. Durante verano aparentemente se pueden mantener d 1 ganancias entre 120 y 130 g an 1 con cargas de hasta 60 borregos ha 1, lo que implica una productividad de aproximadamente 7.5 kg de incremento diario de peso vivo por hectárea. Para lograr con seguridad metas de mejor desempeño se debería suplementar y dado que al consumir suplemento los animales reducirán su consumo de forraje se puede simultáneamente aumentar la carga. Por ejemplo, consideremos que en invierno con una carga de 35 borregos de 25 kg de peso vivo se está teniendo sin suplementación una ganancia diaria de 135 gramos y se plantea como meta alcanzar una ganancia de 180 gramos. Para una ganancia de 135 g se requieren 2.96 Mcal EM ver Cuadro 1, si la digestibilidad de la MS del pasto es 74 (2.64 Mcal EM/kg MS) el consumo diario por animal fue 1.12 kg MS y por ha (35 borregos) fue 39.19 kg MS. Para una ganancia de 180 g se requieren 3.38 Mcal EM/día; si se considera suplementar con un con centrado con 2.85 Mcal/kg y 89% de MS (3.2 Mcal/kg MS), y se estima una sustitución de 0.6 (por cada kg MS de concentrado consumido se dejan de consumir 0.6 kg MS de forraje), las 3.38 Mcal EM se obtienen con 0.264 kg concentrado y un nuevo consumo de pasto de 0.962 kg por borrego al día. Esto equivale a estar suplementando con 297 gramos de concentrado “tal cual” diarios por animal. Si la utilización de la pradera con 35 borregos/ha sin suplementar era eficiente y se quiere conservar la misma eficiencia de cosecha, la nueva carga debe ser 40.7 borregos/ha (39.19+0.962). Si se quiere estimar la eficiencia económica de la suplementación se deben estimar la relación entre los kg de concentrado suministrado y los kg de ganancia adicional sobre la base hectárea, se suministraron 0.297 gramos de concentrado a 40.7 borregos = 12.088 kg de concentra do diarios; se estaban obteniendo 35*’135= 4.725 kg de incremento de peso diarios por ha y con la nueva carga y ganancia se obtienen 40.7* 180=7.326 kg de incremento de peso diarios por ha. Este resultado implica una conversión de 4.647; si se hubiese considerado únicamente la respuesta individual la conversión hubiese sido 6.6 (0.297/0.045); además al no aumentar la carga se hubiese desperdiciado pasto.

Por carencia de información nacional, en este artículo no se incluyeron aspectos de las fases semanal y diaria de la estructura de toma de decisiones ilustrada en la Figura 1. Para administradores no experimentados en este tipo de sistemas, el pastoreo rotacional ofrece ventajas de facilidad de manejo frente al pastoreo continuo, asimismo el pastoreo rotacional puede ofrecer algunas otras ventajas adicionales entre las cuales el empleo de mayor carga animal es la principal. En la toma de decisiones semanales y diarias en pastoreo rotacional, cobra fundamental importancia la información sobre asignaciones diarias de forraje, alturas de forraje residual y respuestas frente a distintas masas de forraje ofrecido. Rattray et al. (1987) proporcionan buena información de estos aspectos para las condiciones de praderas templadas de Nueva Zelanda. Un análisis cuantitativo de la información presentada por estos autores permite suponer que en sus condiciones los mejores desempeños por hectárea se logran con cargas de aproximadamente 40 borregos ha 1 con ganancias diarias de aproximadamente 125 g. Este desempeño es similar al identificado para el invierno en México. Con base en lo anterior, es posible suponer que las recomendaciones de estos autores pueden ser de utilidad en México, al menos durante el periodo invernal.

* Programa de Posgrado en Producción Animal Programa de Investigación en Forrajes Departamento de Zootecnia

Universidad Autónoma Chapingo. [email protected]

LITERATURA CITADA

Améndola M., R. D Y Martínez c., M. 1998. Digestibilidad in situ de variedades de ballico perenne (Lolium perenne L.) y trébol blanco (Trifolium repens L.). Memorias de la Reunión Nacional De Investigación Pecuaria. Querétaro, México. p. 42. Améndola M., R., Medina L., S., Castro J.,
Marzo Abril de 2006
R. 2003. Precisión en la estimación de masas de forraje iii: evaluación de la exactitud.
Memorias de la XXXIX Reunión Nacional de Investigación Pecuaria. UNAM México DF.
p. 436 Améndola R., Castillo E, and Martínez P. A. 2005. Country Pasture/Forage Resource Profiles. México. [En línea]. Disponible en http://www.fao.org/ WAICENT/ FAOINFO/ AGRICULT /AGP/AGPC/doc/CounproflmexicolMexico.h trn (Revisado el 10 de agosto de 2005). Duran T., A. 1996. Evaluación de variedades neozelandesas de trébol blanco (Trifolium repens L.) y ballico perenne (Lolium perenne L.) en su primer año en La Joya, Veracruz. Tesis profesional, Departamento de Zootecnia, Universidad Autónoma Chapingo. Chapingo, México. Geenty K.G. and Rattray P.Y. 1987.The energy requirements ofgrazing sheep and cattle. En: A.M.Nicol (Ed.) Livestock Fecding on Pasture. New Zealand Society of Animal Production.Ocassional Publication N’ 10. Hamilton, New Zealand. pp: 39 54. Hodgson 1. 1990. Grazing management: science into practice. Longman Group UK Lid.,
Essex, England, 203 pp. Rattray, P. Y., Thompson, K. F., Hawker, H., and Sumner,
R. M. W. 1987. Pastures for sheep production. . En: A.M.Nicol (Ed.) Livestock Feeding on Pasture. New Zealand Society of Animal Production.Ocassional Publication N° 10. Harnilton, New Zealand. pp: 89 103. Rodriguez G., Arnulfo. 1998. Evaluación de variedades neozelandesas de trébol blanco (Trifolium repens L.) y raigrás perenne (Lolium perenne L.) en su segundo año en La Joya, Veracruz. Tesis profesional, Departamento de Zootecnia, Universidad Autónoma Chapingo. Chapingo, México. Sheath G. W. and Clark D. A. 1996.
Management of grazing systems: temperate pastures. In J. Hodgson and A. W. lllius (Eds.). The Ecology and Management of

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