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Importancia de las exposiciones ganaderas.

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Parámetros de evaluación
En la cría comercial de los ovinos en México
Importancia de las exposiciones ganaderas1

*Santos I. Arbiza Aguirre, José de Lucas Tron, 2008

Por siglos, los ganaderos han buscado el mejoramiento productivo de sus rebaños, sea por el incremento de su tasa reproductiva, en la mayor velocidad de crecimiento, en la calidad y cantidad de carne de sus canales o en la calidad y cantidad de lana o leche

También desde los albores de la domesticación, el hombre fue eligiendo los reproductores que estimaba mejores para los objetivos de su cría, este mejoramiento de las sucesivas generaciones estaba basado en la apreciación visual de los animales que se usarían en la reproducción. La forma de hacerlo fue muy simple, ya que el ganadero iba eligiendo características del exterior en el animal que consideraba como las apropiadas a sus gustos y objetivos, dejando a tales individuos como sus reproductores. Este proceso fue muy lento e incipiente, por ello necesitó muchos (cientos o tal vez miles) de años para ir logrando el mejoramiento que buscaba, sea en el mejor caballo por su resistencia o rapidez, la mejor vaca en la producción de leche, o los ovinos con sus mejores vellones en cantidad y calidad de lana.

Importancia de las exposiciones ganaderas1

A principios del siglo XVIII en plena Revolución Industrial en el Reino Unido, esta metodología se fue perfeccionando, dando lugar a una idea más clara de qué individuos con características externas similares conformaban las razas, consolidándose esta idea al crearse las Sociedades de Criadores de las mismas; estas importantes agrupaciones de productores fueron generando los estándares o tipos raciales que las describían exhaustivamente e idealmente. Además se analizó el papel en la cría de las distintas razas y se controlaron los apareamientos entre individuos parecidos, estableciéndose así los libros de Pedigree (“Flock Books” en el caso de los ovinos o “Herd Books” en el caso de los bovinos). Todo este proceso derivaría en el comienzo del juzgamiento de los animales en las exposiciones ganaderas. La primera exposición está registrada en Sussex Inglaterra en el año de 1778.

A pesar de estos aparentes progresos, los parámetros de evaluación continuaban siendo de carácter subjetivo, basados siempre en estimaciones de las características del exterior del animal, dejando de lado en la mayoría de los casos los caracteres productivos, pero lo más grave fue que lo hicieron infiriendo que las primeras estaban relacionadas con las segundas. Digno de mención es Robert Bakewell quién alrededor de 1760 desarrolla la raza Dishley Leicester en Inglaterra considerando aspectos productivos claramente definidos y utilizando registros de producción y resultados de la progenie.

Foto 2. Carnero preparado para una exposición, en el que se ha cuidado su alimentación, limpieza, esquila e incluso su parado en pista
Foto 2. Carnero preparado para una exposición, en el que se ha cuidado su alimentación,
limpieza, esquila e incluso su parado en pista

Va ha ser hasta mediados del siglo XIX cuando se producen nuevos e importantes avances en la historia del mejoramiento genético animal, en efecto, algunos países europeos, sobre todo los criadores de porcinos (Dinamarca), empezaron a anotar en sus pedigrís los primeros registros de producción. Por ejemplo apuntaban ya el tamaño de la camada, la velocidad de crecimiento de los lechones y otras características que consideraban de importancia en la producción. Estos criadores no tardaron en ser imitados por otros productores como los lecheros y de aves para luego extenderse a todas las especies domésticas. Hoy, los registros de producción son usados rutinariamente en todo el mundo como una guía más segura y rápida en el mejoramiento genético de los animales. Todos los establecimientos encargados del mejoramiento de una raza (“cabañas” o “studs”), llevan rigurosamente estos registros, con objetividad y precisión. Claro que los mismos varían según sea el objetivo de la producción de la raza criada.

El uso de registros significó un cambio substancial en el mejoramiento, ya que permitió acelerar las ganancias genéticas generacionales como no se había producido en siglos anteriores, los logros en varias especies fueron realmente formidables, ejemplos en producción de postura de las aves, en la producción de vacas lecheras, en cantidad y calidad de lana en varias razas ovinas, en producción de canales de alta calidad nutritiva en cerdos y así podríamos seguir con todas aquellas poblaciones que se aplicaron estos modernos métodos.

Figura 1. Libras de carne por oveja de un año y mayores (Fuente: Parker, 1996)
Figura 1. Libras de carne por oveja de un año y mayores (Fuente: Parker, 1996)

El análisis de estos registros se fue perfeccionando y ya en el siglo XX se sentaron las bases definitivas del mejoramiento genético animal, al sustentarse el mismo en la Genética de Poblaciones y en caracteres cuantitativos como la heredabilidad, la repetibilidad, las correlaciones genéticas entre las características y la deriva genética de las poblaciones. Se clarificaron las normas del mejoramiento genético y se estimaron con exactitud los valores de cría con técnicas modernas como el BLUP que van paralelas a los grandes adelantos en técnicas y programas de computación.

No obstante todo este avance, en todos los países ganaderos, las exposiciones y la evaluación por el “tipo racial” de los animales continúa hasta nuestros días, siendo común que todavía muchos productores le dan un énfasis o importancia muy alta a los resultados obtenidos por la estimación de los jurados. Esta sobreestimación puede ser una limitante real para el progreso genético de los caracteres productivos, sobre todo cuando no hay un respaldo gubernamental o institucional que este velando por el mejoramiento real de estos caracteres en sus razas, más allá de los externos, sirvan de ejemplo el SUL (Secretariado Uruguayo de la Lana) el Wool Plan de Australia o el NSIP (National Sheep Improvement Program) Programa Nacional de Mejoramiento Ovino de Estados Unidos. Estos organismos y sus programas tienen efectos reales sobre la mejora de la producción de las poblaciones en sus respectivos países y que de rebote pasan a otros como el nuestro. A manera de ejemplo se podría citar el avance en lana en el Uruguay o de libras de carne por oveja en los Estados Unidos, como se muestra en la Figura 1 tomada de Parker (1996).

En México no existe ningún programa gubernamental, ni institucional que se este preocupando por el mejoramiento genético ovino, y aunque se han establecido algunos centros llamados de “mejoramiento genético”, solo han sido difusores de semen de carneros de cuestionable calidad genética y de razas ni siquiera evaluadas previamente en el país. Dado lo anterior el productor comercial debe estar bien prevenido en este énfasis totalmente exagerado que se atribuye a los primeros premios y a la carencia de información productiva de los animales que los obtienen.

A la luz de los conocimientos modernos y a toda la abundante experimentación sobre el tema, se puede afirmar, con total certidumbre, que un animal o grupo de animales considerados de “elite” en esos concursos, no necesariamente tienen por que ser los mejores padres (o madres) para las futuras generaciones. Al adquirir un padre premiado se está adquiriendo un billete de una “lotería genética”, por que muchas veces incluso, los criterios usados por los jurados conspiran contra la propia producción. Además es matemáticamente claro, que cuánto más características se vayan incluyendo como criterios de selección, más se atrasa el progreso genético anual o generacional del rebaño juzgado.

Las características que se han de juzgar deben ser siempre pocas y las que interesan a la producción, el objetivo del mejoramiento genético es económico y jamás puede estar basado en apreciaciones subjetivas o con definiciones vagas o imprecisas como por ejemplo: “la constitución”, “rusticidad”, “tipos lecheros, laneros o carniceros”, “belleza”, “armonía”, “buenos esqueletos” “ser femenina o masculino”, “tener carácter” “estar bien plantado” y así una serie casi interminable de insustanciales términos usados en el lenguaje de estos juzgamientos (Foto 2).

La estimación de los jurados suele ser puramente basada en la conformación exterior de los animales que se juzgan, en raras ocasiones se recurre a los registros de producción dentro del rebaño contemporáneo. Aquí la subjetividad es muy alta y la exactitud es muy baja. No siempre los animales elegidos como los calificados en la escala más alta, coinciden con los valores más altos en la producción. Además usualmente se comparan animales que tuvieron distintos sistemas de cría, con diferentes condiciones ambientales, así como de manejo alimenticio, sanitario o reproductivo y criterios distintos en la elección de los reemplazos y los sementales que se llevan a las explotaciones, etcétera. La mayoría de las veces los animales comparados no han sido corregidos ni por su distinta edad, ni por el tipo de nacimiento (únicos o mellizos), tipo de crianza o por la edad de la madre (primeriza o de otros partos), esta forma de proceder anula el fallo del juzgamiento. A todo lo anterior, hay que añadir la preferencia de los juzgadores por alguna raza o prototipo de animal, lo que hace que pierdan objetividad en sus elecciones, más aun si son criadores.

Es claro que en ningún caso el “ojo” puede sustituir la balanza, el historial de la granja de procedencia, los registros y/o evaluaciones con animales contemporáneos. El “ojo” tampoco permite discernir si es un animal cruzado, sobre todo cuando tiene un cierto grado de encaste o se elige el color para definirlo como raza (Foto 3). Por eso, debe constituir una norma elemental para cualquier ganadero que desea el mejoramiento de su ganado, el tratar de que sus objetivos y criterios de selección sean lo mejor definidos posibles, que sean pocos y todos medidos objetivamente. Un buen mejorador registra todo lo atinente con la producción dejando de lado todo lo prescindible o de definiciones imprecisas de carácter subjetivo como ya se apuntó.

Foto 3. Grupo de corderas Pelibuey que lo único que las define como tal es su color
Foto 3. Grupo de corderas Pelibuey que lo único que las define como tal es su color

Sin duda que las exposiciones seguirán realizándose y como hasta ahora traer utilidad a los ganaderos. Es un buen centro de reunión, donde se intercambian experiencias entre productores y técnicos, se puede hacer y se hace frecuentemente difusión de conocimientos, de nuevos productos y adelantos técnicos; pero para el futuro y para lograr que estos eventos se constituyan verdaderamente en un acontecimiento que contribuya al mejoramiento de la especie, será necesario racionalizar los criterios y los métodos de evaluación. En los mismos se puede y deben seguir introduciendo registros de producción que definan bien los objetivos de cría y usar los caracteres siempre correlacionados con el valor económico de la producción. Por ejemplo en ovinos para carne, tasa reproductiva, velocidad de crecimiento y cantidad y calidad de los componentes de la canal. Eliminar en el juzgamiento todo lo superfluo como una buen parte de la conformación del exterior del animal. Que los animales que se comparen sean lo mas homogéneos posibles en los factores ambientales que han incidido en su cría, con ajustes de datos de los factores de variación.

Otros factores que podrían dar un buen avance a las exposiciones serían con los registros productivos del pedigrí de los padres o abuelos y no como ahora se presenta como solamente una lista de nombres con poco sentido. También sería un factor de progreso remarcar el valor genético de un individuo dentro de la población de sus contemporáneos.

La última acotación importante es que tampoco el productor comprador de los reproductores ponga todos sus boletos de apuesta a los registros de producción. Es de toda claridad y absoluta necesidad que observe y revise a los animales que piensa adquirir. Pueden existir y existen, cantidad de defectos, algunos muy graves que no se registran en las hojas de rutina. Es necesario que revise meticulosamente todos los posibles defectos por ejemplo de boca (como el prognatismo), de los genitales (como la monorquidia), alteraciones óseas serias (animales chuecos, zambos, con xifosis o lordosis), el tamaño que debe ser el normal de la raza (aquí tener cuidado con su procedencia, ya que por ejemplo un Suffolk tipo inglés es diferente del estadounidense sobre todo en talla y peso) y por último y aunque esto no esté fundamentado ni mucho menos avalado por ningún científico, como hombre libre tiene todo el derecho de elegir el reproductor que a su juicio considere mejor para su rebaño.

1El material escrito, así como las fotos pueden ser usadas siempre y cuando sea citada esta fuente

*Profesores investigadores de la FESC UNAM. Carretera Cuatitlán – Teoloyucan SN Cauatitlán Izcalli Méx. México. Cubículo 15 edificio de veterinaria Tel. 56231835
Correos: [email protected] y [email protected]

 

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