jueves , 14 marzo 2019

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“Manejamos cerco eléctrico movible y pastoreo profundo”

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Ranchos

El objetivo de este año: tener 800 hembras

“Manejamos cerco eléctrico movible y pastoreo profundo”

Rodolfo Sierra Sánchez es propietario del rancho San Pedro Ovando, ubicado en Acatzingo, Puebla (a 50 minutos de esta ciudad), rumbo a Córdoba-Orizaba, a una altura de 2 mil 140 metros sobre el nivel del mar. “Tenemos una extensión de 28 hectáreas, de las cuales 10 serán praderas utilizadas para un proyecto de 800 borregas, que es el objetivo. Manejamos el cerco fijo, el movible y un pastoreo profundo”, nos platica el señor Rodolfo Sierra respecto a la forma de cuidar y alimentar a su rebaño

Ilsen Georgina Piña Casanova

Eran alrededor de las 14 horas y el calor estaba en pleno apogeo, aunque la mañana fue sumamente fría. Para llegar al rancho San Pedro Ovando batallamos un poco; está ubicado en un camino de terracería de difícil acceso que se encuentra perfilado por cuantiosos árboles de eucalipto. La hacienda es viejísima, como esas de las películas de Pedro Infante, con muebles rústicos y amplísimos espacios, techos muy altos y una capilla grande en donde, según nos dijo el dueño, todos los domingos acude a misa la población de las localidades más cercanas.

Ese día había mucho movimiento, más del acostumbrado trajín, porque estaban arreglando el rancho debido a que el hermano del dueño iba a festejar ahí la primera comunión de su hija.

Fue el mismo Rodolfo Sierra el que nos recibió y con suma amabilidad nos condujo por las instalaciones que, por cierto, son muy grandes y antes servían como criadero de puercos. El dueño y el médico veterinario encargado del rancho fueron los que nos explicaron los programas que están impulsando para la cría de borregos.

Caminando por el lugar nos dimos cuenta del magnífico aprovechamiento que el señor Sierra y su equipo le ha dado a esas instalaciones; todos los materiales han sido adaptados para economizar gastos. Por ejemplo, los pisos que usaban en las jaulas de los puercos ahora sirven de puertas; los aretes que eran de los cerdos los reutilizan con los borregos y el excremento sirve como abono para las praderas. A todo le encuentran un doble uso.

Por su parte, el médico veterinario encargado del rancho nos dio una breve explicación de funcionamiento en el rancho y sobre la utilización de todo el equipo del que disponen: “Las puercas cuando tenían parto después estaban 15 días y se pasaban a las casillas. A éstas las hemos usado para maternidad, esta área está totalmente cerrada a la lluvia, pero si el clima nos rebasa, podemos sacar a las borregas. Por fortuna no hemos tenido problemas, en ocasiones metemos hasta dos borregas por casilla. Las mismas cárceles que se usaban con las puercas cuando quedan cargadas para que no se muevan, hoy son las puertas de los corrales ovinos, las forramos con los pisos elevados que quitamos para que no se salga la cría. La idea en todo momento es ir abaratando costos. Todo esto era para confinar a las puercas y lo que hicimos fue meter los tubos, los alambres porque se nos brincaban”.

Tanto en el señor Sierra como en el médico veterinario se percibe una gran preocupación por el bienestar de los animales, de las instalaciones, su limpieza y comida que se les proporciona: “Esto era un pasillo, estaban los pisos elevados, entonces quitamos todo el piso y ahora sirve para darle a los ovinos el creed feeding”, nos dice orgulloso el señor Sierra. “En la mañana sacamos a las borregas y en cuestión de días los corderitos se acostumbran a no salirse. Las borregas son llevadas a pastorear, a los borreguitos les damos su alimento y los sacamos para que estén en el sol, les echamos alfalfa. Cuando metemos a las borregas les servimos su alimento de lactación y una vez que se lo comieron metemos a las crías para que mamen un poco. Antes les servimos de nuevo alimento por el manejo del ph y todas esas cosas”, agrega.

Área de maternidad.
Área de maternidad. Foto: Alicia Almanza

Entre plática y plática seguimos caminando hasta llegar a donde se encuentran las recién nacidas, crías en las que es evidente el mejoramiento genético logrado: “Ya inseminamos en el segundo programa y éstos que están naciendo son F2 -afirma el señor Rodolfo-; en otra ocasión inseminé dos lotes, uno de 40 y otro de 45, me dio muy buenos resultados el programa. Ahora inseminamos a 62 borregas y quedaron cargadas 44. En la primera inseminación vino Raymundo Rangel y, en el segundo, mandó a una de sus ayudantes, se llama Guadalupe. Son los partos que ahora estamos teniendo, además de los del programa normal de monta con los machos. Del primer programa de inseminación, de un lote de 40 tuvimos el 1.9 de nacimientos; en el segundo, de 45 tuvimos el 2.16, y con ese semental tuvimos el 64 por ciento de hembras al nacer, tres partos de cuatro y como siete-ocho de tres. A mí me gusta más el de tres porque el de cuatro salen los corderitos más chicos; además tuvimos cinco borregos de más de cinco kilos”.

Tras haber formado parte del comité de bienvenida, un perro dálmata y otros dos pequeños juguetean y corren alrededor de nosotros. Fueron nuestros acompañantes durante todo el recorrido. Pero Rodolfo Sierra continúa explicándonos: “El año pasado guarde todos los machos para los programas de Alianza, el primer año me fue muy bien, vendí 44 machos, pero este año tengo casi 90 machos. Se han tardado, ya están empezando a salir, esa es cuestión federal y estatal. Para cualquier productor que está empezando su proyecto es muy pesado porque hay que reinvertir y si no se tienen recursos frescos, qué se puede hacer. Ahora mejor voy por el manejo para la engorda, ese es el destino de los buenos animales. Cuando sea el momento de vender, tendré que separar los buenos animales y además iré haciendo un lotecito para esa época”.

Al observar en los corrales a unos imponentes sementales Pelibuey y Dorper, le preguntamos ¿si no le sale muy caro invertir en una F1 para carne? A lo que nos responde: “No, porque yo no las compré, lo que hice fue un programa de inseminación, alrededor de 200 pesos sale inseminar a una borrega que me dio alrededor de 62 borregas F1. Luego las hice crecer y volví a meterlas a un programa de inseminación. Si un macho puro vale de 25 mil para arriba y las borregas F1, F2 valen 6 mil pesos, realmente para mí lo que cuenta es nada más el tiempo, pero voy ganando genética. En el programa de engorda no hay ningún problema porque hay una mayor conversión cárnica; la idea es sacarlos al mercado a los cuatro-cinco meses; pero selecciono a los animales que me gustan, con esos me quedo y los restantes son un lote muy pequeño para los productores que vienen y los programas”.

Rebaño en pastoreo con cerco eléctrico
Rebaño en pastoreo con cerco eléctrico. Foto: Alicia Almanza

Salimos enseguida a las praderas; allí vemos un numeroso rebaño de borreguitos pastando, pero sobresale una cría que unas horas antes acababa de nacer. Junto a ellos, y muy al pendiente, un pastorcito nos muestra las suertes que sabe hacer con el chicote.
Aunque San Pedro Ovando es el casco de una hacienda, cuenta con una extensión de 28 hectáreas, de las cuales 13 son de praderas. “No las tengo todas establecidas, pero creo que con unas 10 hectáreas para el proyecto al que quiero llegar, que son 800 borregas, va a estar bien. Manejamos el cerco fijo, el movible y un pastoreo profundo –nos dice el señor Sierra–; después de establecer una pradera le damos unos tres pastoreos ligeros y luego puro pastoreo profundo. Tratamos de regresar en 30 días al punto de arranque por así decirlo y darle tres riegos al mes a las praderas para tenerlas bien manejadas”.

Y nos platica acerca de su producción actual: “Creo que estoy a la mitad del objetivo, tener 800 borregas. Ahorita tengo 320 en producción, la población con las crías y primalas son 480, calculo que en un año o dos estaré en las 800 borregas. Eso me va a permitir vender no nada más el borrego, sino también la borrega en pie de cría; eso es difícil de conseguir”.

Sobre los motivos de su elección por ciertas razas, con confianza el señor Sierra nos comenta: “Fijénse que cuando quise empezar con los borregos me hablaban mucho del Pelibuey, pero encontré al Katahdin y, la verdad, por sus características opté por esta raza. El Dorper lo escogí por la mayor conversión cárnica, he ido aplicando un control de la genética para poder aplicar el registro. Todavía necesito avanzar más para que venga AMCO y obtenga el control de registro. Mi control es manual, con cinco personas para manejar todo lo que es el hato de borregos y, aún teniendo 800, creo que llegaré a necesitar a ocho personas máximo. Se debe tener una persona, así tenga uno 20 o 400 borregas, es lo mismo, y el pastor me ha servido para desarrollar otras tareas; hace una doble función”.

Uno de los sementales del Rancho Ovando.
Uno de los sementales del Rancho Ovando.
Foto: Alicia Almanza

Y con respecto a los objetivos de producción y comercialización, nos dice que “…son obtener una buena calidad de carne. Creo que hay buenos programas de gobierno y de particulares para hacer cortes de carne a futuro. Para comercializar, estoy a punto por entrar, calculo más o menos que en un mes y medio entro con mis primeros borregos al mercado y, de ahí, pues, iré aumentando la cantidad de animales”.

Después de terminar el recorrido por las instalaciones ovinas, nos dirigimos rumbo a la casa del señor Sierra, quien vierte su opinión sobre la ovinocultura en México: “Debe ser más apoyada, porque aunque va en crecimiento, creo que no ha crecido lo que debiera en este país. El precio, la rusticidad del animal, el fácil manejo eso es lo que más debe de ser respaldado. He visto a ganaderos, de los que llaman grandes, que quieren tener como alternativa el borrego, dejar en definitiva el ganado mayor. Eso hay que aprovecharlo. Para darle de comer al mexicano se tiene que importar borrego, el que viene a un precio muy barato. Ahí es donde debe entrar el gobierno en apoyo a nosotros, se tiene que hacer crecer a la ovinocultura para no importar tanto canal”.

Por último da algunos consejos en cuanto a su experiencia para los criadores de ovinos: “Hace dos años y medio empecé con 105 borregas. La recomendación es que visiten ranchos para tomar la mayor cantidad de tips y no empezar en una situación muy novata. Deben invertir en el manejo y empezar con una buena cantidad de animales; si se inicia con algo bueno se sigue de la misma forma produciendo calidad. Es necesario tener a sus veterinarios, a sus asesores porque es primordial dar una buena nutrición, cuidar el establecimiento de praderas, o si es confinado el animal, no escatimar en esos recursos. Si ya existen ciertas instalaciones, pues aprovecharlas, no hacer todo nuevo, sino rescatar lo que hay, hacer un proyecto como una empresa, no desesperarse porque esto es a largo plazo. Uno puede crecer tan rápido, aún comprando una mayor cantidad de borregas, éstas no son como las máquinas que las compramos y las podemos poner a producir, hay que esperar los ciclos y acolchonarse en alimentos, ver las buenas opciones de algunos programas de gobierno para apegarse a ellos. Puede ser el plan de inseminación o de ganado mayor y crear mayor fuente de empleo”.

Para cerrar lo que fuera una gratísima tarde y en medio de espléndidas atenciones y bellos paisajes, nos invitan a disfrutar de una típica comida mexicana. Finalmente y luego de este grato viaje por una de las fincas más representativas del México colonial, volvemos a la ciudad de México contentas y con muchas ganas de regresar.

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